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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura del II Congreso de Industria Conectada 4.0

Palacio Municipal de Congresos. Madrid , 9.26.2018

Quiero comenzar mis palabras expresando mi satisfacción por participar en el II Congreso de Industria Conectada 4.0. Un foro de gran relevancia para la industria de nuestro país, ya que nos acerca al futuro del sector y nos conciencia sobre la trascendencia que esta transformación tecnológica y digital tiene y tendrá, no solo para las actividades productivas sino para todos nuestros ciudadanos.

Me gustaría hacer un breve recorrido por la extraordinaria evolución industrial que nos ha llevado hasta la “Industria Conectada 4.0”, porque nos permitirá valorar mejor la importancia de esta nueva fase de la historia industrial que, realmente, determinará en gran medida el futuro de nuestra sociedad.

Es sabido que la Iª revolución industrial tuvo su origen en la invención de la máquina de vapor y en su capacidad para transformar la forma de producir. A esta le siguieron revoluciones protagonizadas por la electricidad, los ordenadores y las tecnologías de la comunicación. Este largo y complejo proceso de industrialización ha transformado nuestro sistema económico pasando de un modelo artesanal a otro caracterizado por la producción en masa y la automatización.

La revolución actual ─que es la IVª revolución industrial─ muestra aspectos distintivos al no estar basada únicamente en materiales y máquinas, sino en la información y el conocimiento. Y, por tanto, no está focalizada en contribuir a la mejora de nuestras actividades físicas, sino, especialmente, a la de complementar nuestras capacidades intelectuales.

La transformación tecnológica y digital actual está impactando decisivamente en los procesos productivos, en las relaciones laborales, en las capacidades y competencias, y en las relaciones sociales. Reconfigura los mercados y las reglas competitivas generando oportunidades de negocio para nuevas empresas, impulsando la modernización de aquellas ya consolidadas y redefiniendo los actores protagonistas en los distintos sectores. Y ofrece, además, grandes oportunidades para incrementar la productividad de nuestra economía, la eficiencia e incluso la sostenibilidad energética y ambiental.

En el pasado, aquellos países que apostaron por estos cambios tecnológicos fueron capaces de captar su valor y, así, de elevar la competitividad de sus empresas e impulsar su crecimiento. De este modo, fue posible mejorar la calidad de vida y el bienestar de la población como nunca antes se había logrado.

España no acompasó plenamente las revoluciones industriales anteriores. Tuvimos oportunidades, momentos y logros brillantes que parecieron indicar lo contrario, pero por causas y circunstancias diversas −unas internas y otras externas−, la realidad es que fueron frustradas o no aprovechadas y, como resultado, durante mucho tiempo, no alcanzamos los niveles de las economías más industrializadas.

"...en ese contexto, la cuarta revolución industrial constituye un punto de inflexión centrado en el desarrollo y despliegue de las tecnologías 4.0 en cada rincón de nuestra economía y nuestra sociedad; y, en esta ocasión, disponemos de elementos solidos de tradición industrial, de apertura económica y de una capacidad de innovación necesarios para aprovechar las grandes oportunidades de mejora que ofrece esta nueva era para la competitividad y para el bienestar de toda la sociedad..."

Sin embargo, el esfuerzo de las últimas generaciones, y décadas, sí ha posibilitado darle la vuelta a esa tendencia, aprovechar bien las oportunidades que se nos presentaban y volver a una clara convergencia económica con las naciones más desarrolladas, consolidando a nuestro país como una de las sociedades más avanzadas.

En ese contexto, la cuarta revolución industrial constituye un punto de inflexión centrado en el desarrollo y despliegue de las tecnologías 4.0 en cada rincón de nuestra economía y nuestra sociedad; y, en esta ocasión, disponemos de elementos solidos de tradición industrial, de apertura económica y de una capacidad de innovación necesarios para aprovechar las grandes oportunidades de mejora que ofrece esta nueva era para la competitividad y para el bienestar de toda la sociedad.

Además, la economía española presenta un atractivo añadido para las inversiones, ya que proporciona una puerta de acceso a los mercados de Europa, Iberoamérica, el norte de África y Oriente Medio. Igualmente, contamos con infraestructuras logísticas y digitales que facilitan el transporte y las comunicaciones, y que nos convierten en un punto de referencia en los flujos internacionales de personas y mercancías.

Actualmente, nuestras empresas son líderes mundiales en sectores como el textil, la banca, la energía, las infraestructuras, transportes y comunicaciones, la moda o el automóvil, campos con alto grado de digitalización e importante capacidad de tracción. Y tenemos una importante actividad emprendedora que ha generado algunos de los ecosistemas de empresas emergentes más importantes de Europa, así como la capacidad de desarrollar y captar un talento especializado en las nuevas tecnologías que pueda acompañar a empresas y emprendedores en su proceso de modernización.

En definitiva, disponemos de los elementos necesarios para abordar la transición al modelo social y económico del futuro. Un camino en cuyo recorrido no debemos olvidar que nada de esto tiene ningún sentido si no mantenemos a las personas, su bienestar y constante mejora, como centro de preocupación y medida de nuestros esfuerzos. Ni tampoco que la apuesta por la innovación, la tecnología y la internacionalización influirá decisivamente en el devenir de nuestro proyecto colectivo como sociedad y como nación.

Industria e innovación tecnológica constituyen, pues, un binomio indisociable, fuente de crecimiento económico inclusivo, sostenido y sostenible, de empleo estable y de calidad, y de bienestar social. Y es, así mismo, una herramienta fundamental para dar respuesta a los desafíos presentes y futuros, como la baja productividad de la economía, la creciente desigualdad, o el reto demográfico.

Por todo ello, este congreso que ha organizado el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, muestra claramente el compromiso y la apuesta de nuestras instituciones y nuestras empresas por el futuro de nuestra industria.

Un futuro en el que las tecnologías 4.0 van a transformar los productos, la forma de fabricarlos y el modo de comercializarlos. Un futuro en el que será fundamental que el sector público y el sector privado trabajen juntos para sensibilizar a los ciudadanos sobre la trascendencia y la urgencia del momento, para afrontar a tiempo los desafíos existentes, y para aprovechar al máximo las oportunidades de esta nueva revolución industrial. Un reto, sin duda apasionante, que no nos espera, al que no tememos y para el que estamos –sobre todo gracias a vuestro esfuerzo− mejor equipados que nunca.

Termino estas breves palabras deseando a todos un trabajo muy fructífero en este II Congreso de Industria Conectada 4.0.

Muchas gracias.

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